EL ELEFANTE NEGRO EDICIONES

    Este nuevo libro de Patricia Verón le hace frente a la atrocidad del mundo, “malestar que daña y omite”, con la trama de la poesía para sostener “las palabras, la mentira”, es decir, la búsqueda de la verdad en el poema como estrategia vital. Que no es otra cosa que la verdad propia, esa que nos decimos cuando hablamos solas. No como soliloquio pueril, sino como invención de otro mundo justamente imaginado.


    “En el colapso… yo invento”, pronuncia la voz, y en ese acto se vuelve más que sostén: crea “una forma posible de la vida”. Fuga brillante, transfigurada, para que el cuerpo dé cuenta de su dolor. Pero no es un gesto de derrota: ese dolor no va a doblegarlo, a doblegarnos, se hará de luz en la mirada. Es que un cuerpo que atravesó la espesura sabe afirmarse y resplandecer. Encuentra la pausa precisa, el pulso de la memoria, un tesoro de “fulguraciones que quedan en la retina / que ni al cerrar los ojos / desaparecen”. Entiende que los signos, mejor furtivos, envueltos en el centelleo brumoso de la poesía.


    En este libro exacto, feroz y conmovedor a la vez, de una belleza política y onírica y necesaria, Verón despliega magistralmente su lírica para decirnos, mostrarnos, que somos sueño y pensamiento y canción elegida, sonido en compás con el silencio. Entre “los interludios de la luz”, sangre que sigue, un cuerpo en pie de lucha.


    Daniela Camozzi

    FICCIONES. Patricia Veron. Ilustrado.

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    Este nuevo libro de Patricia Verón le hace frente a la atrocidad del mundo, “malestar que daña y omite”, con la trama de la poesía para sostener “las palabras, la mentira”, es decir, la búsqueda de la verdad en el poema como estrategia vital. Que no es otra cosa que la verdad propia, esa que nos decimos cuando hablamos solas. No como soliloquio pueril, sino como invención de otro mundo justamente imaginado.


    “En el colapso… yo invento”, pronuncia la voz, y en ese acto se vuelve más que sostén: crea “una forma posible de la vida”. Fuga brillante, transfigurada, para que el cuerpo dé cuenta de su dolor. Pero no es un gesto de derrota: ese dolor no va a doblegarlo, a doblegarnos, se hará de luz en la mirada. Es que un cuerpo que atravesó la espesura sabe afirmarse y resplandecer. Encuentra la pausa precisa, el pulso de la memoria, un tesoro de “fulguraciones que quedan en la retina / que ni al cerrar los ojos / desaparecen”. Entiende que los signos, mejor furtivos, envueltos en el centelleo brumoso de la poesía.


    En este libro exacto, feroz y conmovedor a la vez, de una belleza política y onírica y necesaria, Verón despliega magistralmente su lírica para decirnos, mostrarnos, que somos sueño y pensamiento y canción elegida, sonido en compás con el silencio. Entre “los interludios de la luz”, sangre que sigue, un cuerpo en pie de lucha.


    Daniela Camozzi

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